lunes, 1 de julio de 2013

Alak: Regreso del norte


Voy sobre la nieve...  luego sobre las nubes...  sobre los árboles y en el cielo azul...    Kaisias es mi única compañía.    La yegua fiel apareció cuando la necesité y me permitió escapar de mis enemigos,  ahora no se si sigo corriendo o si estoy cazando a alguien...
¿Qué pasó?  las últimas semanas han sido como un sueño...  Todo comenzó cuando dejé a mis compañeros,  Zephiran y Nauli estaban estudiando,   Kasmat... ¿Con Holdric? Encontré rastro de Quamara y lo seguí,  tiene mucho que explicar,  ¡Ella y el traidor de Wolfish!... La encontré... ella nunca me vio venir,  y al verme en lugar de sufrir al verse descubierta sonrió... y dijo algo... ¿Qué dijo? ... "Tu hijo será para la dama oscura"... sus palabras todavía me queman el alma como ácido. A partir de ahí todo está borroso.  Wolfish apareció alardeando como siempre, antes de darme cuenta él ya estaba colgando de mi espada, y antes de ver la luz de sus ojos extinguirse susurró algo... como si hubiera pasado un momento de claridad dentro de la tormenta que es su mente "Al final, se compasivo"  Demasiado tarde para él,  volteé para que Quamara compartiera la misma espada que Wolfish pero ya no estaba ahí.
Perseguí su fantasma una hora... día... ¿semanas? entró a la tumba antes sellada por Helm, el guardián fiel, la perseguí,  a veces sintiendo su aroma, a veces a punto de tocar sus cabellos pero siempre me eludió...  ¿Por qué no la puedo alcanzar? ¿No he superado acaso sus habilidades? ¿Cómo entonces pude encontrarla? ¿Me dejó encontrarla? Tonterías... ella y Wolfish...  Wolfish probablemente la involucró en algo, pero no la justifica...  nada la justifica... Enfrentará el juicio de Helm cuando la encuentre. 
Había algo en esa tumba  ¿Que era? no lo recuerdo,  tengo nuevas cicatrices sobre mi cuerpo ¿Fuego? ¿Ácido? ¿Qué hizo esto?   ahora lo recuerdo... a casi todo lo maté al encontrarlo... pero algunas veces eran más fuertes que yo... perdí el conocimiento algunas veces, y al recuperarlo vi muertas a las creaturas habitantes de la tumba... seguramente las herí de muerte antes de desmayar ¿o no desmayé y luché inconsciente?... ¿Y esas flechas?  ¿Son las mías? recuerdo cuando Quamara me enseñó cómo hacerlas con los dientes de mis presas. 
Espera... ahí está, hemos llegado al fondo del templo,  ahí está ella frente a la tumba de los Senescales, la tomo del brazo y a punto de hacer rodar su cabeza ella voltea... ¡No! quien es ella,   la conozco...  un avatar de Shar,  no puedo hacer nada... pierdo el control, camino hacia atrás y el vacío se abre bajo mis pies... Todo está oscuro,  pero algo recorre estas profundidades y está buscando comida, estiro las manos para pararme y encuentro esqueletos rodeándome,  armaduras prácticamente deshechas, pero algo insiste dentro de mí ¿Quien me habla? ¿El deseo de venganza o el de justicia? ¿Helm, Malar o Shar? Finalmente lo encuentro, una barca para el náufrago, el oasis para el perdido en el desierto,   tomo un bastón del suelo... Es helm y no está solo.  Alguien junto... Wauquin dice él,  y me da fuerzas para levantarme y correr... "tómalo y corre" me dicen, nunca en mi vida he corrido así, así como antes estuve a punto de atrapar a Quamara, ahora la siento cazándome,  pero ¿Cómo le hace alguien para esconderse de una persona que sirve a la diosa de lo oculto?   no me queda más que rezar por que Helm guarde el secreto de mis escondites.  ¿Cuánto pasó?  no se... por fin salgo de la tumba ante los asombrados clérigos de Wuauquin, corro atravesando el templo y hay una mucha gente. ¿qué hacen? ¡Observan asombrados a Kaísias! mi yegua plateada,  subo a ella de un salto ante el asombro de la multitud y apoyada sobre el aliento de ellos, saltamos sobre la el grupo y nos perdemos en la ciudad,  finalmente en el desierto...
No estoy seguro de ser perseguido todavía,  hago lo posible para no dejar huellas, no he visto a mis perseguidores pero no se qué tan lejos estén.  Tampoco he sentido a Helm, desde que me dio la fortaleza para salir del templo de Wuauqin no me ha hablado,  y siento que mis plegarias no lo han alcanzado.  Finalmente veo señales de él en las montañas, ¡Su estandarte ondeando en el viento!, despido a Kaísias y camino humilde ante él, pero algo pasa...   el estandarte está apoyado sobre el cadáver de un caballo...  la niebla se despeja un poco y me permite ver que estoy en un campo de batalla,  la mayoría de los guerreros portan insignias de Helm,  uno de ellos, la esquelética mano de uno de ellos me alcanza,  no me atemoriza más me perturba,  salgo del campo de batalla y encuentro finalmente huellas frescas,  trato de encontrar al jinete que las dejó pero él no está por ningún lado. Salgo a toda velocidad hacia la Ciudadela del Vidente,  temo lo peor, todo su ejército muerto a mis pies.
Las puertas están cerradas,  toco y  tras identificarme como Alak se abren las puertas, dentro se encuentra una pequeña guarnición, más asombrada de verme que temerosa.  Me recibe el encargado de la ciudadela, Aghon, el asistente de Theodor, es de los pocos que no ocupan barba larga en este lugar, el cariño de Helm lo protegerá del viento, o sus 60 inviernos le han enseñado a soportar el frío... durante la cena platicamos y se asombra al contarle del ejército masacrado cerca de la ciudadela, aunque me cuenta que muchos de los hombres santos de la ciudadela han recibido diferentes visiones del dios. Pregunto sobre un scout fuertemente armado y montado,  pesado el caballo como pesado el jinete, deduzco por las huellas, veo la negación en su mirada pero un cuerno nos interrumpe, y seguido al cuerno, un ariete golpeando las puertas.
Salimos sin precipitarnos pero acelerando el paso y escuchamos de nuevo el golpe,   estoy por acercarme a la entrada para descubrir la fuente del ruido cuando la puerta explota en mil pedazos y hace caer a varios hacia atrás.  Mi anfitrión y yo nos mantenemos en pié pero nos volteamos a ver, y al regresar la mirada al ahora abierto portal es mucho nuestro asombro al encontrar un enviado del dios.  Montado sobre un gran destrier azabache, un guerrero grande como pocas veces ha sido visto, me recuerda a Kasmat. Todo su cuerpo así como el del caballo están cubiertos por pesadas placas, y cubriendo la cara del jinete, la insignia divina, la mano del vidente.
Apenas puedo reaccionar, los guerreros junto a mí se hincan, y al sentir la presencia divina en este enviado, libero mi espada y la coloco frente a mi tomando la posición de oración de rodillas, listo para el combate.  "Servidores fieles" nos llama,    "El que todo lo ve te ordena hacer una lista de todas las almas que hayan servido a Helm, Todo aquél que merezca nuestra gratitud así como todo el que haya pasado por esta sagrada ciudadela,   quémala en su nombre y después abandona la ciudadela",   inmediatamente Aghon se pone en pié y es seguido por varios guerreros.  Yo permanezco de rodillas y siento la mirada del mensajero.  "En verdad eres bendito Álak, ni tú ni los tuyos deberán de temer a la muerte, pues tu alma pertenece a Helm y nadie es capaz de robar al que todo lo cuida,   regresa a Impiltur,  sana tu alma y sana tu país.  Un tiempo de silencio se acerca,  los dioses dejarán de hablar a esta tierra y las puertas del cielo se cerrarán,  pero no dejes tu fe flaquear, cuando tu hijo sea capaz de levantar una espada el dios regresará". Sus palabras me bañan, recupero un poco de cordura y entonces me doy cuenta que no se bien que ha pasado hasta este momento... ¿cómo llegué aquí?  yo estaba con Zephiran, Nauli, Picos, Holdric, Kasmat.   Salí de la tumba y no estaban...  en la ciudadela no saben nada de ellos. Con cánticos y oraciones se sellan las tumbas y prisiones en donde lo peor de este plano se encuentra encerrado y abandonamos la ciudadela. He avisado mis planes a la guarnición, les he ofrecido acompañarme, y hasta el último hombre me seguirá hacia el sur.
Cada vez mis oraciones se sienten más vacías,  como gritando cada vez dentro de una caverna más y más grande,  cada vez hay menos eco y... ya no sé si alguien escucha. Finalmente en un sueño, la noche antes de partir, me veo guiando a ésta columna de guerreros, no en los grandes caminos hacia Lyrabar sino por las montañas, conozco esas montañas,  Quamara me las enseñó.  Siento al Dios en este sueño,  como un último grito hecho a la lejanía, casi robado por el viento...
Todo transcurre sin mayor problema,  los pasos todavía nevados se abren ante nosotros, y aunque terroríficas legiones habitan estas montañas no nos molestan. Finalmente bajamos a los valles para ser recibidos por Foxbur's Rest, la mayoría de los pajes del fuerte están encantados de ver a tan veteranos guerreros, muchos de ellos con una reputación dentro de la orden, y aunque algunos de ellos deciden quedarse en el fuerte que protege la comarca, la mayoría continúa conmigo hacia el sur,  viajamos rápidamente por los pasillos de los enanos hacia Lyrabar en donde el pequeño ejército es bien recibido en el castillo.
Un poco de tranquilidad llena mis días, aunque las noches no consigo el descanso. Pongo mis asuntos en orden, algunas de mis inversiones han sido bendecidas, llegan a mi noticias que me levantan el espíritu: No ha caído ninguna otra ciudad en The vast, tristemente siempre se ven seguidas de malas noticias ahora Damara está siendo atacada por los orcos y nosotros no podemos hacer nada por ayudar a nuestro aliado el Rey Dragonsbane, no sabemos nada del bosque gris, no hemos podido contactar a Nauli y vieron ríos de sangre llegar al mar frente al bosque. Piedra Blanca se ha declarado reina de Sarshel, espero Kasmat la haga entrar en razón, sé que no pasará, y finalmente, la traición de Mardoqueo, ha atacado con tropas de Impiltur a la torre de Itzfell, pagará por sus crímenes. Ahora cuando menos ejército tenemos, él mata a las tropas que nos protegen al norte, y finalmente, busco consejo de Theodore y no se le encuentra por ningún lado.

Me anuncian que el Capitán picos ha regresado ¡Bien! un amigo con quien platicar, espero traiga buenas noticias aunque dentro de mí, sé que no.

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