Despierto en el silencio de mis aposentos. Me despertó el dolor en el pecho de nuevo, recordándome el rayo que Zephiran...
La cicatriz física desapareció hace tiempo, pero el daño que me hizo no sanará facilmente... la pérdida de esa entrañable amistad tal vez nunca sane del todo.
' La soledad se hace presente, la ausencia de Mistra es preocupante; si llegaran a atacarnos no podremos defendernos. No he logrado tener un Omen, y los hechiceros y clérigos jóvenes no pueden hacer ningún tipo de magia. '
Me asomo a la ventana. Hace fío, el viento sopla moviendo las copas de los árboles creando olas en ese mar verde pardo, pero a diferencia de otras veces no es un viento que reconfortante... me angustia... algo no esta bien. Puedo percibir una ilusión al rededor de mí. Algo repta por mis manos, apoyadas en la ventana; una enredadera... algo mágico esta controlando a las plantas...
De la enredadera sale una gran serpiente verde, hermosa e imponete que comienza a reptar por mi brazo.
- Mi Señora, sus enemigos se aproximan a gran velocidad. Debemos dejar el templo ahora.
- Enemigos? Quiénes? Pero si esta es una de las sedes de la corte élfica, no podemos dejarlo solo así.
Un relámpago cae cerca de la torre traspasando y disipando por un momento la ilusión que nos protegía. Una ráfaga de viento entra por la ventana trayendo consigo los lamentos de sufrimiento y terror de los habitantes del bosque y sus alrededores.
- Los árboles han comenzado a despertar y más elfos se aproximan... no hay tiempo, debemos irnos.
Recuerdo las leyendas que hablan de cómo los miembros de la antigua corte élfica se convirtieron en árboles mientras esperaban la restauración de su reino. En ese momento entiendo que, una vez más, la leyenda es verdad y está ocurriendo en el Bosque Gris...
Teleri entra correndo a la habitación.
- Nahuli!
- Teleri, cariño, toma tus cosas y no te separes de mí.
Me pongo la armadura, la espada a la cintura y el arco en la espalda; comienzo a hacer velozmente una pequeña maleta. De pronto un relámpago cae a un costado de la torre, llenando el lugar de una luz cegadora. Cuando logro ver de nuevo me doy cuenta de que se ha caido gran parte de la pared en donde hace unos instantes estaba la ventana, quedando un gran hueco por el que entra la ventisca y la lluvia. En el borde hay una silueta humanoide; en mi mente aparece la imagen de Pengoloth, aquel elfo antiguo... esta criatura es como él, pero tiene unas enormes astas de alce y se aferra con sus garras a la torre; parece que busca algo o a alguien desesperadamente. Fija su mirada en mí unos instantes, una mirada salvaje, con pocos rasgos de conciencia; la mirada de una bestia enfurecida.
Faroth, que estaba enrrollado en mí comienza a retomar su forma de dragón, rompiendo el resto de la torre. Alcanzo a tomar el bolso y abrazo a Téleri cuando Faroth extiende sus grandes alas para impulsarse en el aire, me toma con una garra y emprende el vuelo con tal fuerza que la presión de la gravedad nos oprime contra sus dedos.
La gente del bosque... el templo... el reino... mi hogar...
§ Nahuli Niphredil §
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